Saturday, February 09, 2008

La Saga de un Álvarez de Toledo

El origen de este famoso linaje castellano, hoy conocido con el título de Duques de Alba, se remonta al siglo XI. El fundador de esta familia se encontraría en la figura del arzobispo don Gutierre Álvarez de Toledo, primer señor de Alba por Juan II, y posteriormente duque de la misma. Sin embargo, la genealogía de este formal fundador de la famosa casa nobiliaria se remonta al siglo XI, cuando el linaje de los Álvarez de Toledo tiene su inicio legendario en la persona Pedro de Toledo, el mítico Pedro Paleólogo, conde de Carrión, por medio de su matrimonio con Jimena Núñez, estableciendo las cuatro ramas de esta familia.

Llamará la atención este apellido, y es que Pedro Paleólogo no es ni más ni menos que el hijo (o hermano, como también se le ha considerado) del bizantino emperador Isaac Comnemo, aquel que iniciará la etapa que llevaría a un nuevo período de esplendor de los vestigios romanos. ¿Qué demonios hacía aqui? Según la tradición habría partido desde Oriente para unirse al emperador Alfonso VI, prestándole su auxilium para la conquista de la simbólica ciudad de Toledo.

Pero hay un elemento más legendario si cabe a añadir al hecho (insisto, legendario) de que un familiar directo del que iniciaría la breve restauración de la grandeza del Imperio de Oriente sobre los segundos invasores y los musulmanes viniera a las entonces más que lejanas tierras peninsulares para prestar sus servicios al rey que recuperaría para la Christianitas, como entonces se decía, la simbólica capital romana y visigoda de Hispania.
Y es que tres siglos y medio después, en 1453, hay constancia en las crónicas de que un miembro de este linaje, don Francisco Álvarez de Toledo, partió a las tierras del fundador de su casa en defensa y socorro del que será último emperador oriental: Constantino XI Paleólogo. Se hará a la mar acompañado de aquellos caballeros que quisieran defender el último resto formalmente romano, y por ello tan simbólico como sabría toda la Cristiandad cuando lo perdiera, en un viaje que se esperaba sin retorno.

Así, no solo hubo un granito de ayuda española (pues no solo estaba presente este noble castellano y sus caballeros, sino parece ser que también aragoneses) en la última defensa de la Segunda Urbe bajo las mismas murallas que resistieron a los hunos y godos, sino que un legendario descendiente de un emperador bizantino volvería a su tierra a defender, como hizo antaño su antepasado, la permanencia y recuperación de lo que aún en la mentalidad colectiva era Roma, codo con codo con un undécimo Constantino que dejó de lado los atavíos imperiales por las armas de sus soldados, muriendo como su pueblo y junto a su pueblo.

La leyenda que envuelve la muerte de su último emperador, casualmente llamado igual que aquel que la vió nacer, daría para otra entrada.

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2 Comments:

Blogger Paco Martín Blázquez said...

Curiosa historia, la de la casa de Alba. Mola eso de ir a defender al otro lado del Mediterráneo a un pariente tan lejano.

Buen blog, ya te tengo enlazado.

3:03 pm  
Blogger Jonathan said...

Muy interesante el artículo, de esta casa solo conocía a los que conquistaron Navarra y Flandes.

Lo malo que ahora no me puedo quitar de la cabeza la imagen de Harpo Marx como emperador binzantino...

Un saludo ;P

11:50 am  

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